Le pregunté a la señora que barría en la esquina: me preguntó la hora y si aún alcanzaba a ver la telenovela de las cinco.
Le pregunté a mi vecino, vaciló al responder y osciló su cabeza en una negativa.
Le pregunté a mi madre: quién sabe —me dijo—, quizás don José.
No supe a quién más preguntar pues don José es florista, quién sabe qué tendría que ver con él.

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