miércoles, 27 de julio de 2022

Como una Oda

Todos los días, todos los días: me topo con el mismo concierto ruidoso al que no pagué boleto. Colores desabridos, orillas de plata y puntales sin filo. Me acribillan como cuchillas los ingredientes de un plato frío. 

La madrugada palidece, pero no necesita emperifollarse más, pues lo estrepitoso del sueño me hace dormitar. Soñé que no era ayer sino mañana, que ya no hay lagañas en mis ventanas y que empañadas de sollozo, vierten escasas de belleza una verdad ensangrentada: en el refri ya no queda lasaña.

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