Nada de esto es novedad prefabricada, mis aguas bajan por la misma desembocadura cada vez que se quiere llegar al mar.
No cae la noche sin cuestionamientos, no rueda la piedra sin justificación, y es que es el viento quién no tiene opción, es mi rotura la que no acepta un perdón y es mi semblante titubeante quién siempre gana la discusión.
La aguja que no penetra fiel a la tela, ilusa sigue su curso desgastando cada una de las hebras. Y sin detenerse, llegó al extremo sin siquiera notar no haber podido lograr nada de lo que supuestamente era su inherente destino.
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